martes, 19 de abril de 2011

Las debilidades de las mandarinas





Hasta que encontramos la media naranja vamos comiendo mandarinas y en el mercado podemos encontrar muchos tipos de mandarinas que generalmente no solemos comer o probamos para no volver a consumir o compramos y compramos aunque sea para hacer zumo:
  • -          Están las que buscan la media naranja forzosamente y como tales dependientes se les ve venir y en tantas ocasione los acogemos entre nuestras mantas, los cuidamos y dependemos de ellos, para jugar al destructivo juego de las dependencias parejiles. Y es que el miedo a estar afectivamente solo suele hacerse manifiesto cuando el hombre se ve obligado a estar solo, ante una pérdida afectiva, una separación etc.. la deprivación afectiva puede ser la fuente de miedos frustraciones y depresiones . Y es que ellos están educados para ser cuidados, para recibir seguridad. placer, afecto y conveniencia. En muchos casos hacen la de Tarzan y van de liana en liana, a veces se quedan entre dos con cara de “yo no he sido”.

Otras veces están muy centrados y dejan a su pareja por motivos propios, pero la ciencia nos dice que son las pocas y que esta dependencia hacia la mujer como cuidadora, madre y fuente de seguridad los ata en la inmovilidad hasta que otra mama cuidadora les da la posibilidad de ser adoptado entre sus muslos.
-Virginia wolf habla mucho de este tema si queréis profundizar en el-
  • -          Los cobardes: es evidente que existe un super valor, en nuestros orígenes biológicos y ahora culturales, que presiona  despiadadamente al varón hacia la valentía, entre ellos mismos ver como otro hombre actúa con miedo puede ser un motivo para cuestionarlo. Es cierto que las mujeres juzgamos rápidamente que si un hombre se sube tembloroso a la mesa cuando ve un ratón no es igual que si lo hace una mujer; cuando alguien le trata mal delante de ella, o si en una situación de enfrentamiento no lo sabe llevar ni gestionar, entonces algo en la mente femenina cambia y lo cuestiona. Biológicamente estamos entrenadas para pensar que los valientes, audaces y temerarios sobreviven pese a meterse en tanto lio,y por tanto deben ser el mejor exponente para la especie. La selección natural hizo que los hombres con rasgos mas varoniles y que segregan mas testosterona produzcan otras feromonas y sean los elegidos para tener sexo (y ellas lo saben, esto esta muy estudiado en ratones otro día me mas entretengo  en esto que es muy curioso). Curiosamente estos mismos estudios dicen que los hombres mas cariñosos y paternales son los elegidos finalmente como pareja.
Si a esto le aplicamos un poco de sentido común y de inteligencia emocional, concluiremos que no es muy productivo estar con el tipo duro del bar,que hoy en día las bernardas preferimos un poquito menos de testosterona y mas contacto con el mundo real y con el siglo en el que estamos. Además de que no es sano para ellos ser el tipo alfa depredaitor del festival de la chuleria, pues el miedo es una característica irremediable con la que hay que vivir y  es imposible eliminarlo y para nada es beneficioso no darse cuenta y reprimirlo. 
Me da mucha pena cuando  salimos de fiesta y estos tipos que llevan al extremo el alarde territorial andan dando guerra, creando mal royo y no saben salir de ese rol que les aplasta los sesos. Ni un acosa ni la otra chicos!!! no queremos a la masa en nuestra cama!! queremos super heroes pero mas blanditos y civilizados..
    • -          El poder es el mayor de los afrodisiacos, en los humanos es mas refinado pero lo mismo ocurre en el reino animal y así desde las langostas, escarabajos, chimpancés, ciervos hasta los hámster sirios, se rigen por la atracción del macho dominante (1980 hormones and Behavior). Querer ser un triunfador a toda costa es característicamente obsesivo en los varones y ser un varón poco ambicioso y sin espíritu de progreso es casi un insulto. “Vales por lo que tienes”, los varones poderosos y civilizados tienen su propia feromona y según estudios en EEUU las mujeres siguen prefiriendo que el beneficiario sea él a tener un marido parado y trabajar ellas. De hecho mientras que las mujeres nos deprimimos mas por desamor, ellos lo hacen por perdidas económicas y sentirse por debajo de una mujer económicamente es denigrante y vergonzoso.

    Ellos tienen que aprender a ser más humildes, a darse el derecho a equivocarse y disfrutar del arte de saber perder.

    Les cuesta darse el derecho a ser débiles, a tener miedo, a fracasar, a cometer errores, a no saber qué hacer y a pedir ayuda. Pero esta masculinidad socialmente construida los aleja de su humanidad y de su contacto consigo mismos y de lo que son en realidad. Y sus parejas deberían apreciar mas esta autenticidad de la persona más que las mascaras y capas que de puertas para a dentro solo son estresores y vulnerabilidades.

    Chicos las Bernardas os quieren al natural!!!




    La Bernarda

    lunes, 21 de marzo de 2011

    ¿Por qué los señores no piensan más que en sexo?

    ¿Por qué los señores no piensan más que en sexo?

    Por: ESTHER BALAC | 3:55 p.m. | 19 de Marzo del 2011

    Hombre-sexo
    Foto:189


    La más clara reflexión sobre los pensamientos masculinos y el sexo está contenida en un libro de 200 páginas que, en alguito más de un mes, se convirtió en una verdadera revolución en ventas en Estados Unidos.

    Su autor, Sheridan Simove, escritor y licenciado en psicología, asegura que su obra es producto de toda una vida de investigación.

    Aunque el título promete (¿Qué piensan los hombres más allá del sexo?), son sus páginas las que logran aportar una respuesta de lo más elocuente, porque están totalmente en blanco. Sí señores y señoras: no tiene ni una letra.

    Ahora, quien crea que el librito, que en Amazon superó en ventas al Código da Vinci, es fruto de un marcadísimo estereotipo que ha acompañado a los varones desde que andan erectos (literalmente), debería escuchar a la neuropsiquiatra estadounidense Louanne Brizendine.

    Hace unos meses aseguró que los hombres tienen pensamientos lúbricos y alucinan con una encamada tres veces más que las mujeres.

    Por eso inevitablemente deslizan la mirada, con absoluto descaro, cada vez que se cruzan con unos senos prominentes, unas piernas torneadas y unas caderas redondeadas. ¿Será por eso que entre ellos abundan los chistes que tienen que ver con sexo o las frases de doble sentido, que nos involucran?

    Esta maga estadounidense, autora del libro El cerebro masculino, cree que sí.

    Explica que no solo el cerebro masculino y el femenino se diferencian desde la gestación. En el nuestro hay más lugar para las emociones, la memoria sentimental y la comunicación; por eso nos morimos por el romance, el afecto (más que por las ganas), las caricias y somos más comunicadoras: tenemos 11 mil neuronas dedicadas a la comunicación, contra las siete mil de ellos.

    El cerebro masculino, en cambio, es más racional y autista y sus pensamientos acaban dominados por la acción de la testosterona, que predomina en los hombres. Y cuando ellos se enfrentan a una imagen sugestiva, la dichosa hormona hace que lo demás pase a un segundo plano.

    Mejor dicho, es inevitable que piensen en sexo. Mentiría si dijera que eso me molesta, porque no es así. Me seducen los pensamientos lúbricos, sobre todo si soy yo su promotora. Hasta luego. 
    ESTHER BALAC
    Para EL TIEMPO
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    MUCHAS GRACIAS POR ESTE ENLACE FELIPE !!! TE ECHAMOS DE MENOS!!!

    ¿Y si hubiera una 'píldora del día antes?


    Imagen de la campaña, promovida por la Sociedad Española de Contracepción.
    Imagen de la campaña, promovida por la Sociedad Española de Contracepción.
    • Una campaña pretende concienciar sobre los métodos anticonceptivos
    • El 'falso' medicamento se distribuirá por la universidades españolas
    Evitar embarazos no deseados, enfermedades de transmisión sexual o soluciones de emergencia tiene una fácil solución: la 'píldora del día antes'. Esta pastilla, en realidad, no existe como tal, pero sí es el centro de una campaña que pretende recordar que existen diversos métodos anticonceptivos que, si se usaran adecuadamente, reducirían el problema.
    Una nueva campaña usará este medicamento ficticio para concienciar a los jóvenes sobre la importancia de los métodos anticonceptivos. El envase del 'falso' fármaco contiene en realidad una grajea de chocolate y un prospecto con información sobre sexualidad, centrado sobre todo en los diferentes métodos anticonceptivos existentes en España.
    El objetivo, según reza el prospecto, es "estimular la sexualidad responsable", sobre todo en "aquellas personas con síntomas evidentes de desinformación" en esta materia y "en especial para aquellos jóvenes que experimentan sus primeras sensaciones sexuales".
    La campaña, promovida por la Sociedad Española de Contracepción (SEC) y laboratorios Chiesi, se ha presentado en el campus de la Universidad Complutense de Madrid, donde se distribuirán unas 5.000 cajas de este 'pseudomedicamento' y, posteriormente, se iniciará una gira informativa por diferentes universidades españolas.
    Según ha destacado la presidenta de la SEC, Esther de la Viuda, este tipo de campañas son necesarias ya que la edad de inicio de las relaciones sexuales está bajando en España, hasta los 16 ó 17 años de media. Además, pese a que el 75% de los jóvenes asegura utilizar algún método anticonceptivo, lo cierto es que hasta el 39% de ellos reconoce "no usarlo siempre", bien por tener una relación imprevista o por la ingesta de alcohol.
    En este sentido, esta experta ha recordado que, "aunque no quieren que sea necesaria", hay que "romper algunos mitos" sobre sus posibles efectos adversos. De hecho, ha asegurado que en el último año han aumentado "notablemente" su venta en farmacias, tras autorizarse su comercialización sin receta médica.
    En concreto, en 2010, las ventas a oficinas de farmacia por mayorista de la píldora postcoital Norlevo han aumentado un 74% con respecto al año anterior. Mientras que las ventas a organismos públicos para su dispensación en los centros de salud o de planificación familiar ha decrecido un 60% en el mismo periodo.
    Según los especialistas, este descenso no obedece a una pérdida de interés de las administraciones sino a una pérdida de demanda de la población a través de estos canales de distribución. "Los ciudadanos prefieren la comodidad y la privacidad que ofrece la adquisición en farmacias", han concluido.

    Las curvas antes que el currículo

    REPORTAJE: Vida&Artes


    Las curvas antes que el currículo

    La mujer italiana es rehén de la imagen frívola que transmiten sus líderes y los medios - En plena causa por prostitución contra Berlusconi, cada vez más voces rompen el silencio ante el machismo

    LUCIA MAGI 25/01/2011

    "¿Es su hija la nueva novia de Berlusconi?", le pregunta a un señor de mediana edad el reportero, ansioso por encontrar a la misteriosa pareja que Il Cavaliere declaró tener, como prueba de que no se acuesta con prostitutas menores de edad. "Ojalá lo fuera", contesta el hombre. Una chica de veintipocos años y un hombre de 74. No es precisamente lo que un padre soñaría para su hija. Pero en Italia, a veces, los deseos naturales -que una hija estudie, encuentre un buen trabajo, crezca sana, se enamore, sea feliz...- se tuercen de forma perversa.
    La publicidad hace de la mujer un producto. En Italia la política también
    "Las nuevas generaciones han sido envenenadas por la televisión"
    La mujer real no existe en la esfera pública. Pero existe. Y se indigna
    "Nosotros también vivimos atrapados en un estereotipo", dice un activista
    La investigación de la fiscalía milanesa a Il Cavaliere por delitos de prostitución de menores agravada y abuso de poder sobre un funcionario ha dejado al descubierto el estereotipo femenino del Belpaese: mujeres esbeltas, con curvas bien posicionadas, bolsos de Louis Vuitton grandes como maletas, gafas de sol que cubren medio rostro. "Piensan que el éxito es eso. Lo piensan porque es lo que han visto y oído, es lo que proponen el ejemplo del poder, su televisión y sus líderes", comenta Concita de Gregorio, directora del diario izquierdista L'Unità.
    Con la telebasura de Mediaset, con los chistes machistas utilizados como declaraciones públicas e instrumento de consenso electoral, con una conducta privada salpicada de escándalos, Silvio Berlusconi está detrás de una denigración y frivolización de la imagen de la mujer que la ha convertido en su rehén. Y, en los últimos tiempos, ha logrado agitar el movimiento de gentes que dicen ¡Basta ya! Un vivero de colectivos y asociaciones femeninas se ha plantado y ha iniciado un rescate cotidiano, lejos de las cámaras, que sitúa de nuevo el debate sobre la identidad de género en el centro de la actualidad.
    "Quizá en forma menor, pero también en otros países, la publicidad transforma a la mujer en producto. El problema es que en Italia la política misma es marketing. No existe otro modelo, ni exterior ni de valores", considera Michela Marzano, profesora de Ética en la Universidad parisina René Descartes, autora de Sii bella e stai zitta (Sé guapa y cállate). "La estética se ha moralizado: construyes tu identidad, tu posición social, sobre tu físico, puedes triunfar solo si eres atractiva, si eres un cuerpo acallado, complaciente, que se amolda a presuntas fantasías masculinas". Y la política funciona como la televisión.
    En este casting continuo no valen mucho la preparación, las habilidades, las horas de estudio, las becas, los saltos mortales para llegar a recoger a los niños, hacer la compra y entregar un informe en el trabajo. "Las mujeres vienen elegidas y premiadas no conforme al mérito, sino a otros factores que poco tienen que ver con la profesionalidad, el empeño, la inteligencia", se indigna Giulia Bongiorno, abogada, madre, presidenta de la comisión de Justicia en el Congreso, en una carta al diario La Repubblica. Es algo que subrayaba Sofia Ventura, analista de Fare Futuro (web-magazine cercana al derechista Gianfranco Fini) cuando en 2009 lanzó su j'accuse a la política y a su vicio de elegir avelinas (bailarinas) para cargos importantes: "El uso instrumental del cuerpo femenino denota un escaso respeto para los que se han ganado un espacio con sus capacidades y trabajo", escribió.
    "Las nuevas generaciones han sido envenenadas por lo que llegaba de la televisión. Mientras, con el mismo esquema estético-moral se hacía política", sostiene Lorella Zanardo, autora del documental El cuerpo de las mujeres, emitido en canales nacionales, 20 minutos de cuerpos casi desnudos, la mujer como mero objeto de deseo. "Se ha impuesto un ideal homologado. Alguien se considera guapa si es igual a las otras, si es de plástico. La cirugía garantiza el acceso al éxito", glosa Tommaso Ariemme, profesor de Estética en Perugia y Lecce y autor del ensayo Contra la falsa belleza.
    Sepultada bajo la mujer de plástico, que exhibe su boca hinchada como se esgrime el diploma de un máster o el certificado de conocimiento de un idioma extranjero, a la italiana de carne y hueso le cuesta marcar sus pautas. Le cuesta que la política atienda sus necesidades y le cuesta que en la cultura colectiva, se aprenda a tratarla con justicia.
    En Italia, una de cada dos mujeres no trabaja fuera de casa y tiene menos hijos que en el resto de Europa (1,3 frente a 1,51 de media), porque hay que esperar años para que el empleo sea estable. Y, cuando llega el primer bebé, una de cada tres debe abandonar su puesto. No hay guarderías, así que mejor que siga trabajando el hombre, que gana más.
    El Eurobarómetro de 2008 y otros indicadores dan más argumentos sobre la primacía en este país de estereotipos machistas. Los italianos, indica la encuesta europea, se sentirían menos cómodos con una primera ministra. Y, según el World Values Survey, el 80% de la población piensa que el hijo sufre si la madre trabaja mientras el pequeño no va al cole. Pero hay otro dato significativo. En Italia, puntera en el mundo por las luchas feministas de los setenta, los periódicos, los telediarios, y los ciudadanos, siguen hablando de "móvil pasional" en los crímenes de violencia machista.
    "Son problemas institucionales y culturales: llevamos 20 años sin políticas serias de conciliación e igualdad y la gente no acepta la efectiva emancipación, en el hogar y en el empleo", dice Daniela Delboca, economista de la Universidad de Turín, quien asesoró a Gabinetes de centroizquierda.
    Los datos retratan a la italiana en una situación laboral y familiar que parece un cuadro antiguo. "La tasa de ocupación femenina es del 46% (según el Istat, el INE italiano), dice Paola Profeta, catedrática de la Universidad Bocconi. En España es del 55%. "Somos las últimas en Europa, solo Malta lo hace peor". Esta cifra creció hasta los noventa, se estabilizó con el nuevo milenio, en los últimos dos años ha bajado: las mujeres no solo no entran en el mercado del trabajo, sino que salen de él. Sin embargo, están más preparadas que los varones, como precisa Profeta. "De cada 100 jóvenes que acaban la carrera, 60 son chicas". Pero es algo que no se refleja en los puestos directivos. "Entre las empresas cotizadas [en Bolsa], solo el 5% tiene un miembro femenino en los consejos de administración; en el Congreso y en el Senado alcanza un escaso 20% -en España es el 36% y 28% respectivamente- y de los 24 ministerios, cinco están en manos femeninas [Juventud, Turismo, Medio Ambiente, Igualdad y Educación]". Con el embarazo, el 27% de las mujeres abandona su carrera, porque ni el 13% de los bebés acude a una guardería. El Estado social delega en la familia. Trabajan las que tienen cerca a los abuelos. "El país está paralizado porque excluye a la mitad de sus ciudadanos del mundo laboral. Si se colmara la diferencia de género, el PIB italiano aumentaría un 22%", resume Delboca, experta en economía de género.
    La imagen de una mujer sometida al hombre de poder, rehén de la apariencia, de valores efímeros y superficiales, ahoga a la mujer real. Las chicas que según la fiscalía se prostituían en la mansión milanesa de Il Cavaliere han zanjado a su manera las reivindicaciones de igualdad: utilizan su cuerpo en lugar que su cabeza. La otra mujer, la de carne y hueso, no se ve, aunque está en el supermercado, en el pupitre de la universidad, en la cola del cine. La política se olvida de ella, en la crónica es un fantasma, en la publicidad una quimera. Pero existe. En este culebrón de bajo presupuesto, se indigna, vuelve a formar redes, anima debates, levanta la cabeza y estira la espalda.
    La mortificación de la dignidad femenina, herencia más sangrante del berlusconismo, está siendo el motor de una nueva participación colectiva. Un transversal tropel de mujeres y, también de hombres, vuelve a poner sobre la mesa la identidad de género, se empeña en proporcionar una alternativa. En los últimos meses han nacido muchos grupos. Se reúnen en teatros prestados en la noche del cierre semanal, en librerías independientes que se llenan en pocos minutos. Son mujeres que compaginan casa, trabajo y niños, que lanzan sus peticiones en blogs y en Facebook. Parecen conspiradoras, empeñadas en un proyecto de urdidores clandestinos. Pero son sencillamente ciudadanas que no se conforman.
    "Nos juntamos por una común desorientación: el país ha dejado de interpretarnos y representarnos. No se nos parece en nada", cuenta Renata Pepicelli del grupo Filomena, nacido en Roma hace año y medio. "No hay políticas para la mujer y, además, se proyecta de ella una imagen unidireccional, infame. Pensamos que era necesario dar visibilidad a las mujeres reales". Las componentes de Filomena, estudiantes, profesoras, periodistas, autónomas, de distintas edades y origen político-cultural, han difundido un videomanifiesto: "Numerosas mujeres contribuyen a la historia del país y le dan un alto perfil. Cada día escriben historias de dignidad y esperanza, pero quedan en la sombra. Aquí van algunas: Rita Levi Montalcini, premio Nobel de Medicina; Tina Anselmi, política; Elsa Morante, escritora; Emily, que para cuidar de mi anciana madre ha dejado a su hija en Filipinas; María, que ha tenido que renunciar a su trabajo porque la guardería era cara...". Una larga lista de nombres, famosos y desconocidos, "para decir que existe otra cara. Hay que enseñarla a los jóvenes", dice Pepicelli.
    En la Red se persiguen peticiones. La impresión es que Ruby Robacorazones representa la última gota en un vaso ya repleto. Las diputadas y votantes del Partido Democrático (principal fuerza de oposición de centro-izquierda) piden la dimisión del primer ministro. La misma apelación llega de grupos de Milán, Turín, Nápoles, Bolonia, donde el colectivo Donnepensanti ha lanzado su campaña.
    La tribuna de la directora de L'Unità ha logrado ya 37.000 adhesiones. 15.000 han compartido en pocas horas el artículo de Bongiorno, diputada elegida en el partido delpremier (ahora con Fini). Algo se agrieta hasta en las sólidas filas del berlusconiano Pueblo de la Libertad. Sara Giudice, 25 años, concejal de un barrio milanés desde 2006, recolecta firmas por "una cúpula del partido más ética". El independiente El Cuerpo de las Mujeres se ha convertido en todo un fenómeno. Su autora no para de recorrer la península para debates públicos y encuentros.
    "Las mujeres vigilan la salud del país", reflexiona la profesora Profeta, que fundó otro grupo, Pari o Dispare, que presiona al Gobierno para que apruebe la ley de cuotas femeninas que está en el Parlamento. Actrices y rostros del espectáculo -pero no solo- dieron vida a Di Nuovo: "En Italia no existe igualdad de género. Mientras vemos a chicas que se forran por menear sus muslos, las mujeres normales trabajan, cuidan de los niños, de los ancianos, de la casa: estamos agotadas", dice Cristina Comencini, directora de cine, guionista y escritora. Según el Istat, en Italia una mujer trabaja 80 minutos más que un hombre cada día. En España, 54.
    "Los hombres también debatimos sobre el uso del cuerpo femenino. Y no para sostener a las mujeres, sino porque nos sentimos ofendidos en primera persona", dice Stefano Ciccone, fundador de Maschile Plurale (Masculino Plural), que tiene grupos en las principales ciudades y organiza talleres en las escuelas. Si la imagen de ella está pisoteada, le pasa lo mismo a la de él: forzadamente machote, homófobo, frívolo, siempre -con cualquier edad y situación sentimental- ligón y sexualmente hambriento.
    El documental Sisters of Italy, en el que los periodistas suizos Lorenzo Buccella y Vito Robbiani entrevistan a 101 mujeres desde Milán hasta Bari, ejemplifica este esquema en su arranque: dos chicas de Arcore -el pueblo en las afueras de Milán donde Berlusconi tiene su mansión- cuentan haberlo encontrado un sábado por la tarde en el centro comercial. "Él se acerca, nos aprieta las manos, sonríe y exclama: 'Hola, guapas', y se va".
    "¿Qué le ha pasado al hombre? ¿De veras aspira a una pareja muda? Yo sueño con una sexualidad que no se configure como relación de poder, sino como encuentro del deseo emancipado de otra persona", explica Ciccone. "La reacción moralista es lo que más me molesta", continúa. "Se dice: 'todo el mundo desea a una chica joven, de pecho generoso, que cuando la llamo viene corriendo, o, mejor, me la traen a casa los amigos, sin perder tiempo en cortejos. Somos todos como él en el fondo. Yo no hago estas cosas porque no puedo (y entonces soy un pringado) o porque soy bueno (sé controlarme)".
    Ciccone parafrasea un razonamiento que circula en la televisión de media tarde, en los reportajes de calle de los diarios y en la cafetería de la vuelta de la esquina. "Nos venden ese código como resultado de libertad e inhibición, pero a mí me suena falso, impuesto, me transmite un gran sentido de soledad y tristeza. No todos los hombres buscamos una sexualidad autista. Nosotros también vivimos atrapados en un estereotipo. Yo, y centenares de miles como yo, no somos así".
    Yo no soy así: un mantra, un amuleto verbal, que se repite estos días en la boca de muchos italianos. E italianas.


    viernes, 18 de marzo de 2011


    Histeria, vibradores y la mística del pene duro

    La ciencia negó durante siglos la importancia del clítoris y patologizó el orgasmo femenino

    Enviado por María Ptqk el 13 Diciembre , 20108 Comentarios
    Histeria
    En 1999 la historiadora Rachel P. Maines escribió un libro tan valiente sobre el orgasmo femenino que le costó su puesto en la universidad. En realidad, tampoco era para tanto. Sólo relataba, amparada en abundante documentación científica, el modo en que la comunidad médica negó durante varios siglos la importancia el clítoris en la sexualidad de las mujeres y el papel que, en este fraude científico, jugó una enfermedad confusa que todavía hoy conocemos con el nombre de histeria.
    El libro en cuestión, con el que Maines salió de la academia para entrar en la historia del ensayo feminista, y que once años después de su publicación acaba de ver la luz en castellano en la editorial milrazones, es La tecnología del orgasmo. La histeria, los vibradores y la satisfacción sexual de las mujeres,  un recorrido por la genealogía del vibrador y su problemática relación con el modelo de sexualidad androcéntrica.
    Según los registros de la historia médica, las primeras máquinas vibradoras aparecieronn en los gabinetes médicos en la segunda mitad del XIX para tratar a las mujeres con problemas de nervios, apatía, anorexia, frigidez y una extensa colección de patologías englobadas bajo el oscuro paraguas de la histeria. Algunos textos del Renacimiento ya incluían indicios de que los “masajes rítmicos en la zona vulvar” aliviaban el malestar psicológico de muchas mujeres pero los especialistas médicos se resistían a aplicarlos argumentando que, además de “tediosos y difíciles de aprender”, les exigían “demasiado tiempo”. Durante siglos, the job nobody wanted (el trabajo que nadie quería) como lo llama Maines, recayó en las comadronas a las que, por su condición de subalternas, se les atribuían las tareas que sus superiores varones no tenían tiempo o ganas de realizar.
    El éxito terapeútico del vibrador parecía sugerir que la relación entre el placer de las mujeres y la penetración coital era cuanto menos dudosa
    Esta situación cambió  con la llegada de la electricidad y, con ella, de aparatos masajeadores que automatizan la terapia: “mientras que un experto manual no puede superar las 300 vibraciones por minuto, el masajeador eléctrico propociona hasta 3000”. En unos años, el trabajo que nadie quería realizar se vuelve maquínico, rápido y rentable y el vibrador alcanza un éxito rotundo: por fin, la enfermedad más extendida entre las mujeres burguesas se puede resolver en unas pocas sesiones de varios minutos. Desde entonces y hasta los años veinte, se multiplicaron los modelos, los sistemas de aplicación y los tratamientos combinados que completan el vibrador eléctrico con duchas localizadas en la zona genital. Las esposas de la nueva clase pudiente acudieron en masa a los balnearios y la comunidad científica se rindió a los beneficios de la hidro- y la ritmo-terapia.
    Según la doctrina científica de la época, lo que les ocurría a las mujeres cuando se les aplicaban esos milagrosos masajes vulvares, no era un orgasmo sino una reacción denominada “crisis histérica”, caracterizada por reacciones como “pérdida momentanea de la conciencia, enrojecimiento de la piel, gemidos, contracciones uterinas, espasmos musculares, secreción de fluidos vaginales, en algunos casos llanto o risa, y sueño”. Es decir, que en todos esos años en ningún momento se consideró que el vibrador fuera un utensilio sexual (a diferencia del espéculo que, curiosamente y pese a que su aplicación dista mucho de ser placentera, sí levantaba suspicacias entre los maridos y los propios médicos).
    La histeria funcionó durante mucho tiempo como un dique de contención para evitar comprender la verdadera naturaleza del placer femenino
    ¿Cómo es posible que estos científicos, que se presume eran hombres de su tiempo, no identificaran esos síntomas con el orgasmo femenino? Seguramente porque no estaban en condiciones de asumir lo que eso significaba. El éxito terapeútico del vibrador parecía sugerir que las mujeres anorgásmicas (que no tenían orgasmos con sus maridos) en realidad no lo eran puesto que con los masajes sí que los tenían. De confirmarse esta hipótesis, había que aceptar que la relación entre el placer de las mujeres y la penetración coital era cuanto menos dudosa y que todas las teorías sobre la sexualidad femenina formuladas desde Hipócrates eran un error. O dicho de otro modo: que el pene nunca volvería a ser lo mismo.
    La histeria, como enfermedad paradigmática que reúne todos los males de la primera mujer moderna, funcionará durante mucho tiempo como un dique de contención para evitar comprender la verdadera naturaleza del placer femenino. El hecho de que el orgasmo no coital y la crisis histérica se manifiestaran de la misma manera -”gemidos, contracciones uterinas, espasmos musculares, secreción de fluidos vaginales”, etc.- no ponía en cuestión ni el concepto de histeria ni la idea que se tenía sobre el orgasmo de las mujeres sino que, por el contrario, servía para reforzar el argumento de que todas las formas de placer que no tuvieran su orígen en la penetración (y habría que añadir: heterosexual) eran el síntoma de una patología.
    La teorización de la histeria alcanzó su cénit con la obra de Freud que, reforzando esta idea, distinguió entre dos tipos de orgasmo: el vaginal, considerado como natural y propio de mujeres sanas y maduras; y el clitoridiano, característico de las inmaduras y las desviadas. La innovación de Freud consistió en señalar que este otro tipo de orgasmo -clitoridiano o histérico- no obedecía a causas fisiológicas como se creía hasta entonces, sino de orden mental.
    “El orgasmo femenino y el modo de provocarlo eran y son anómalos tanto desde un punto de vista biológico como político y filosófico. Situado en el frágil epicentro de las relaciones heterosexuales, la cuestión potencialmente desestabilizadora de la mutualidad en el orgasmo se trasladó a un campo neutral y satanizado en el que la sexualidad femenina se representó como una patología y el orgasmo femenino, definido como crisis histérica, era producido clinicamente como una terapia legítima. Lo que después Foucault llamó la “histerización del cuerpo femenino” ha sido una manera de proteger y reforzar el patrón androcéntrico de la realización sexual”, explica el libro.
    Los vibradores no empezaron a salir del ámbito médico hasta los años veinte cuando, con la llegada del cine, fueron utilizados en algunas películas eróticas con fines ya abiertamente sexuales. Durante las décadas siguientes sobrevivieron camuflados como pequeños electrodomésticos de uso personal para el ama de casa, anunciados en las revistas femeninas. Por fin en los años setenta, el movimiento feminista los reivindicó públicamente como lo que son y les devolvió la dignidad que merecen que, en opinión de la sexóloga, médico y psicoterapeuta Helen Singer Kapaln, no es ni más ni menos que la de constituir “el único avance significativo en la técnica sexual desde la era romana”
    En la imagen, una paciente en un momento de “crisis histérica”, perteneciente a la serie fotográfica realizada por el neurólogo y precursor de la psicopatología, Jean-Martin Charcot, en el Hospital de la Salpetrière (Paris) durante la segunda mitad del siglo XIX.

    MIS MAS EXTREMOS AGRADECIMIENTOS A MJ QUE NOS ENVIA ESTE ARTICULO DESDE BERLIN!!!
    ERES UNA BERNARDA!!!!